Por: Alejandro Rosales
Chivas evita la derrota en República Dominicana y maquilla un partido desastroso y triste de ver para su afición.
Desde el pitido inicial, el encuentro se pintó de infarto y frustración para las Chivas. En menos de un minuto, un potente zurdazo de Juan Díaz desde fuera del área adelantó al rival, mientras que, a pesar de dominar la posesión, el equipo sucumbía ante errores individuales. A los 30 minutos, Luis Romo desaprovechó un centro de Alan Mozo, y solo cinco minutos después, un disparo rozó el palo tras una falta peligrosa, evidenciando la falta de concreción que marcaría los primeros 45 minutos de un partido caótico.
La primera mitad culminó con una imagen desoladora de un conjunto sin cabeza y triste de ver, mientras el rival –identificado en la constante agresividad por las faltas– aprovechaba cada descuido para presionar.
Con el inicio de la segunda parte, y la segunda etapa de Alan Pulido al mando, el choque adquirió una dimensión familiar para ambos equipos, recordando la última vez que se enfrentaron en este mismo torneo. Sin embargo, las Chivas no lograron corregir su rumbo: el ritmo de fallas y malas decisiones para concretar las acciones se mantuvo, dejando al público con la incertidumbre de un resultado desfavorable.
Fue en el minuto 99 cuando, en un final de infarto, las Chivas consiguieron responder a su afición, evitando milagrosamente la derrota. No obstante, el gol de último minuto solo maquillaba un partido desastroso, que evita a la destitución de Óscar García.
El encuentro cerró con escenas caóticas: todo el equipo del Cibao se mostró enojado con un central, y la expulsión de un jugador procedente de la banca dejó imágenes penosas que, sin duda, quedarán en la memoria de los aficionados del fútbol.


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