Por: Alejandro Rosales

El 17 de mayo de 2025, cuando el reloj marcó las 10:00 a.m. y el sol ardía con fuerza sobre Temixco, Morelos, no solo comenzó un torneo de kickboxing. Comenzó una historia. Una que no se escribe con tinta, sino con sudor, lágrimas y voluntad. Una que no se grita desde las gradas, sino que se siente desde el alma.

Tuve el privilegio de acompañar durante días a nueve peleadores, nueve almas en busca de algo más que un cinturón o una medalla: Leonardo, Vania, Gerardo, Dafne, Dary, el pequeño Leonardo, Rodrigo, Rafael y Renata. Nueve nombres, un solo corazón. Todos ellos guiados por el espíritu firme y sabio de su sensei: Sabata Rodríguez.

Dentro del octágono vi cosas que no se pueden explicar con palabras. Vi guerras sin rencor, donde el respeto vence al ego. Vi a niños con mirada de gigantes y a jóvenes con hambre de gloria. Vi golpes llenos de historia, y abrazos que sanan más que cualquier medicina. Porque en este ring no se pelea por odio, se pelea por pasión. Por demostrarle al mundo —y a uno mismo— que el límite no existe.

Ahí entendí que la belleza de una persona se vuelve insignificante cuando se enfrenta a su propio coraje.

Que la dulzura y la inocencia muchas veces esconden un esfuerzo silencioso por superarse cada día.

Que caer no es fracasar… fracasar es no volver a intentarlo.

Aprendí que la fuerza bruta no lo es todo. Que la agresividad puede transformarse en arte si se mezcla con amor.

Que a veces, la mejor pelea es la que eliges no librar. Y que cuando un peleador pisa el octágono, deja de ser solo un atleta para convertirse en leyenda, aunque nadie lo sepa… aunque nadie lo aplauda.

Porque cada uno de ellos no fue solo un competidor. Fueron páginas vivas de un libro que recién comienza. Fueron ejemplo, fueron inspiración, fueron fuego.

Y entendí que este equipo no solo entrena, no solo compite… late. Late como una familia. Como una manada. Como un escuadrón de guerreros dispuestos a escribir su propia historia, sin importar cuántas veces caigan, porque siempre… siempre se van a levantar.

Una respuesta a «Crónica | Guerreros del fuego: más allá del ring»

  1. Avatar de Jeannine Muedano
    Jeannine Muedano

    Estimado Alex:

    Ante todo debo felicitarte por tener madera de escritor 👌😃👏

    Lo que escribiste, para mí fue conmovedor e inspirador.

    La pasión, el esfuerzo, la disciplina, la constancia, la perseverancia han sido para la Sensei Sabata una fuerza interna desde los cinco años.

    Todos tenemos habilidades para destacar, solo es cuestión de hacer una introspección en nosotros y darnos cuenta que es lo que nos gusta.

    Las habilidades siempre están ahí, algunas se desarrollan cuando se es niño, otras ya más grande, pero están ahí, como lo que acabo de leer y me doy cuenta que tienes un fabuloso talento para llegar a ser un gran escritor.

    Y como escribiste, los chicos que conociste, no llegaron sabiendo, pero la Sensei fue sacando las habilidades en cada uno de ellos.

    También les ha enseñado a ser amigos, familia. A qué si se caen, se van a volver a levantar con más fuerza.

    Porque al final, sentirse bien con uno mismo, es la máxima y magnifica recompensa!!

    Nuevamente, felicidades por tan excelente crónica!! 👏👏👏😃👌

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Pasión MX nace de un sentimiento que todos compartimos: la emoción de esas primeras veces en las que un deporte nos hizo vibrar. Ya sea un gol que nos dejó sin aliento, un punto decisivo en una cancha de tenis, o la fuerza de un atleta representando a México, esas experiencias nos conectan como apasionados del deporte.

~ Alejandro Rosales